
Más que servir: satisfacer a Cristo
Resulta más fácil servir que derramarle nuestras vidas completamente a Jesús. El objetivo del llamado de Dios es su satisfacción, no simplemente que hagamos algo para Él

Resulta más fácil servir que derramarle nuestras vidas completamente a Jesús. El objetivo del llamado de Dios es su satisfacción, no simplemente que hagamos algo para Él

El servicio a Dios no es una obligación impuesta, sino el desbordamiento natural de una vida en la que Cristo se ha revelado plenamente. Cuando su naturaleza habita en mí, servirle deja de ser un deber y se convierte en el fruto espontáneo de mi amor por Él.

El llamado de Dios no revela quién soy yo, sino quién es Él. Solo cuando mi alma está en armonía con Cristo puedo oír su voz y responder como Isaías: ‘Heme aquí, envíame a mí

Debe haber un funeral blanco, una muerte que tiene tan sólo una resurrección: resucitar a la vida de Jesucristo.
Nada puede derrotar una vida así, pues está en unidad con Dios con el único propósito de ser su testigo

Si permitimos que el Espíritu Santo nos lleve cara a cara con Dios, también escucharemos lo que oyó Isaías: la voz del Señor. Y en perfecta libertad, también diremos: “Heme aquí, envíame a mí.” Cristo sigue llamando a quienes tienen oídos dispuestos a escuchar.

Jesús sólo puede enseñarnos algo cuando acallamos todas nuestras preguntas intelectuales y nos encontramos a solas con Él. Cuando el sufrimiento, la desilusión o la soledad nos separan de todo, Cristo nos prepara para oír Su voz y recibir Su enseñanza más profunda.

Cuando Dios logra llevarnos a estar verdaderamente a solas con Cristo, comenzamos a vernos como somos ante Sus ojos. Entonces comprendemos que solo Él puede revelarnos lo oculto de nuestro corazón, y que el orgullo es lo último que debe morir antes de aprender realmente de Él.

Obedecer a Cristo puede causarles dolor a otros, pero nuestra tarea no es controlar las consecuencias, sino confiar en que Él cuidará de todos los involucrados. La verdadera obediencia no impone condiciones a Dios, sino que descansa en Su soberanía.

Cuando una persona ha nacido de nuevo, lo sabe porque recibió algo como regalo del Dios Todopoderoso y no debido a su propia decisión. La salvación significa recibir de Dios, por medio de Jesucristo, el perdón de los pecados

Sólo cuando Dios nos protege con la milagrosa santidad de su Espíritu, nuestro espíritu, alma y cuerpo pueden ser guardados en una rectitud sin mancha hasta la venida de Jesús. El mismo Espíritu que nutrió la vida de Cristo alimenta la vida de nuestro espíritu