¿Estás dispuesto a ser derramado como una ofrenda?
No es un asunto de emociones, sino de la voluntad rendida delante de Dios. Cuando decides ofrecerte por completo, aceptas el fuego que purifica, separa y elimina todo deseo que no esté arraigado en Él.
Cristo no nos llama a la autocompasión, sino a atarnos voluntariamente al altar, confiando en que Dios hará la obra. Después del fuego, las circunstancias ya no tienen el mismo poder sobre el corazón, porque la vida ha sido entregada sin reservas.
Dile a Dios que estás dispuesto a ser derramado como una ofrenda por amor a Cristo, y Él demostrará ser todo lo que siempre has creído que es