¿Andas de blanco?
Debe haber un funeral blanco, una muerte que tiene tan sólo una resurrección: resucitar a la vida de Jesucristo.
Nada puede derrotar una vida así, pues está en unidad con Dios con el único propósito de ser su testigo
Debe haber un funeral blanco, una muerte que tiene tan sólo una resurrección: resucitar a la vida de Jesucristo.
Nada puede derrotar una vida así, pues está en unidad con Dios con el único propósito de ser su testigo
Si permitimos que el Espíritu Santo nos lleve cara a cara con Dios, también escucharemos lo que oyó Isaías: la voz del Señor. Y en perfecta libertad, también diremos: “Heme aquí, envíame a mí.” Cristo sigue llamando a quienes tienen oídos dispuestos a escuchar.
Jesús sólo puede enseñarnos algo cuando acallamos todas nuestras preguntas intelectuales y nos encontramos a solas con Él. Cuando el sufrimiento, la desilusión o la soledad nos separan de todo, Cristo nos prepara para oír Su voz y recibir Su enseñanza más profunda.
Cuando Dios logra llevarnos a estar verdaderamente a solas con Cristo, comenzamos a vernos como somos ante Sus ojos. Entonces comprendemos que solo Él puede revelarnos lo oculto de nuestro corazón, y que el orgullo es lo último que debe morir antes de aprender realmente de Él.
Obedecer a Cristo puede causarles dolor a otros, pero nuestra tarea no es controlar las consecuencias, sino confiar en que Él cuidará de todos los involucrados. La verdadera obediencia no impone condiciones a Dios, sino que descansa en Su soberanía.