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La vida que actúa en la obediencia

Cristo no nos llama a producir vida por nuestras propias fuerzas. Cuando Él dice: «Levántate de los muertos», Su llamado trae consigo luz y poder. No vencemos para obtener vida; obedecemos porque la vida de Cristo ya está obrando en nosotros. En el mismo acto de confiar y dar el paso, Su gracia se manifiesta y descubrimos que Él ya estaba operando en nuestro interior.

¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?

Ninguno de nosotros vive para sí mismo. En Cristo estamos unidos, y cuando uno se debilita espiritualmente, otros sufren también. Nuestra vida no nos pertenece: hemos sido dejados en la tierra para servir al Señor Jesucristo. Ser “testigos” significa gastar nuestras fuerzas, nuestro corazón y nuestra mente por Él. Servir a Cristo es nuestra manera de agradecer su maravillosa salvación.

¿Has escuchado hoy su voz?

La meta de mi vida espiritual es identificarme tanto con Jesucristo que siempre escuche a Dios, sabiendo que Él siempre me oye. Si estoy unido a Cristo, le prestaré atención todo el tiempo mediante mi fervor y dedicación a escuchar. No es que me rehúse a escuchar a Dios, sino que muchas veces mi consagración no está bien ubicada. Me dedico a las cosas, al servicio, a mis propias convicciones, y Dios puede decir lo que quiera, pero simplemente no lo escucho.

¿Necesito escucharlo?

No desobedecemos a Dios de forma consciente; simplemente evitamos escuchar la voz de Cristo, porque sabemos que cuando Él habla debemos obedecer, y solo al atenderlo descubrimos con vergüenza cuánto tardamos en responder, aunque siempre nos sigue llamando como hijos a amarlo de verdad.

¿Agoniza tu esperanza en Dios?

Cristo promete guardar en completa paz a aquel cuyo pensamiento persevera en Él. Cuando llevamos cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, nuestra fe se fortalece para el tiempo de la prueba. No permitas que tu imaginación se muera de hambre; conságrala a Dios, recuerda quién es tu Señor y deja que tu esperanza en Cristo recobre su brillantez

¿Se muere de hambre tu imaginación?

Cristo nos llama a levantar los ojos y mirar a Dios nuevamente.
Cuando nuestra mente se concentra en ídolos —incluso en nosotros mismos, en nuestras experiencias o en nuestro servicio—, nuestra imaginación espiritual se debilita y nuestras oraciones se vuelven ineficaces.
Solo al salir de nosotros mismos y dirigir deliberadamente nuestros pensamientos hacia Dios, Cristo nos restaura y nos capacita para vivir y orar más allá de nuestras propias fuerzas.

Agotados para Dios, sostenidos por Cristo

El proceso de convertirte en pan partido y en vino derramado significa que tú tienes que ser el alimento para otras personas hasta que ellas aprendan a alimentarse de Dios. Llega al agotamiento para Dios, pero recuerda que Él es tu provisión. Antes de que los otros aprendan a servirse directamente de la vida del Señor Jesús, tendrán que valerse de ella por medio de ti.

El precio real de la santificación

La santificación no es un concepto liviano ni una experiencia superficial.
Ser santificados significa ser hechos uno con Cristo, de tal manera que la misma naturaleza que gobernó su vida gobierne también la nuestra.
Esto nos cuesta todo lo que no es de Dios, pero nos une plenamente a Jesucristo y a la obra del Espíritu Santo en nosotros.

La disciplina de no decaer

Si solamente lo obedecemos y realizamos la tarea que ha puesto más cerca de nosotros, lo veremos a Él. Una de las más asombrosas revelaciones de Dios surge cuando aprendemos que, por medio de las experiencias diarias de la vida, entendemos la magnífica Deidad de Jesucristo

Derramados por completo para Cristo

¿Estás dispuesto a ser derramado como una ofrenda?
No es un asunto de emociones, sino de la voluntad rendida delante de Dios. Cuando decides ofrecerte por completo, aceptas el fuego que purifica, separa y elimina todo deseo que no esté arraigado en Él.
Cristo no nos llama a la autocompasión, sino a atarnos voluntariamente al altar, confiando en que Dios hará la obra. Después del fuego, las circunstancias ya no tienen el mismo poder sobre el corazón, porque la vida ha sido entregada sin reservas.
Dile a Dios que estás dispuesto a ser derramado como una ofrenda por amor a Cristo, y Él demostrará ser todo lo que siempre has creído que es