La guerra contra el pecado y la esperanza que no falla


Dios te llama a luchar contra el pecado todos los días y Él pelea a tu favor con divino poder aun cuando no sabes que necesitas pelear.

Quisiera poder decir que el pecado siempre me parece horrible y destructivo, pero no es así. Desearía poder decir que todo el tiempo aborrezco lo que Dios aborrece, pero no es así. Quisiera poder decir que siempre amo hacer lo correcto, pero no es así. Desearía poder decir que nunca pienso que mi camino es mejor que el de Dios, pero no puedo. Quisiera que mi corazón se conformara con permanecer dentro de los límites establecidos por Dios, pero no lo hace. Desearía poder decir que mi guerra contra el pecado ha terminado, pero no es así.

Aquí está el peligro para ti y para mí: el pecado no siempre aparenta ser pecaminoso para nosotros. Es difícil admitirlo, pero en ocasiones el pecado nos parece atractivo. El hombre que con lujuria mira a la mujer en el centro comercial realmente no ve algo horrible y peligroso. No, él ve belleza. El hombre que evade impuestos no ve el peligro moral del engaño. Él ve el dinero adicional con el que podrá satisfacer sus deseos. La mujer que chismea en el teléfono no ve la destrucción que está causando porque está emocionada narrando una historia. La hija que se rebela contra la voluntad de sus padres no ve el peligro en el que se pone debido a que está siendo cautivada por la emoción de la independencia temporal. Parte del engaño poderoso del pecado en mi corazón es su habilidad de aparentar ser hermoso cuando realmente es horrible.

Así que necesitamos ayuda desesperadamente y Dios, en gracia, nos brinda ayuda. Esta ayuda no viene a nosotros primero en una teología o en un conjunto de reglas y principios; viene a nosotros en una persona. Dios sabía que mi lucha con el pecado sería tan grande que no sería suficiente solamente con perdonarme. El perdón es algo maravilloso, pero necesito algo más. Así que Dios no solo perdona, también vive en mí a través de Su Espíritu. El Espíritu que ahora vive dentro de mí es un Espíritu guerrero que por gracia lucha contra el pecado aun cuando yo no lo percibo. Su celo redentor es imparable.

Piensa en Pedro, quien negó conocer a Cristo. ¿Fue ese el final de la historia? No, pero no por Pedro y su búsqueda de Jesús; fue por Jesús, quien por gracia redentora y perdonadora buscó a Pedro (lee Juan 18:12-14, 25-27; 21:15-19).

En nuestra batalla contra el pecado, ¿somos llamados a pelear, correr y orar? Sí, lo somos, pero nuestra esperanza no radica en nuestra habilidad de hacer estas cosas, sino en el Dios de gracia, quien luchará contra el pecado hasta que el pecado no exista más. Él nunca se cansa, nunca se frustra y nunca se rinde. ¡Él es nuestra esperanza!

Para profundizar y ser alentado:
Tito 2:11-14

Paul Tripp

< Volver a página de entradas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *