Devocionales

Cristo nunca será derrotado

Nuestro mayor temor no debería ser fracasar, sino pensar que Jesucristo puede ser vencido.
La tenacidad espiritual no es pasividad, es trabajar y permanecer firmes con la certeza de que Dios nunca será derrotado. Aunque nuestras esperanzas parezcan purificarse en medio de la espera, Cristo prevalecerá y sus virtudes —amor, justicia y perdón— triunfarán.
Permanece espiritualmente tenaz en Él.

Amor que pierde la compostura por Cristo

Si lo que llamamos amor no nos lleva más allá de nosotros mismos, entonces no es realmente amor.
El verdadero amor por Cristo no actúa por deber, utilidad o recompensa, sino porque Él es digno. No se trata de preguntarnos si somos útiles, sino de rendirnos completamente a Él. Cuando nos entregamos sin reservas, Cristo obra a través de nosotros, y aun los actos más sencillos se convierten en una ofrenda que alegra Su corazón.

¡Venid vosotros aparte!

Soñar tiene su lugar cuando buscamos la voluntad de Dios. Pero cuando Cristo ya ha hablado y nos ha mostrado lo que debemos hacer, quedarnos soñando es desobediencia disfrazada de espiritualidad.
Jesucristo no nos llama a vivir en fantasías espirituales, sino a levantarnos y actuar. Si realmente amamos a Cristo, responderemos con obediencia inmediata. Soñar después de que Dios ha hablado revela falta de confianza en Él.

Levántate y deja que Cristo te transforme

Cuando el trabajo es desagradable, pesado o servil, ahí se prueba nuestro carácter. Cristo mismo lavó los pies de sus discípulos y nos mostró que la verdadera obediencia comienza cuando nos levantamos y actuamos. Si damos el primer paso, Él transformará lo tedioso en algo que resplandezca con su luz.

Cristo nos levanta después del fracaso

Cuando comprendemos que hemos fallado, la desesperación quiere paralizarnos. Pero Cristo no nos deja hundidos en el pasado. Él se acerca con amor y nos dice: “Esa oportunidad se perdió y no puedes cambiarla, pero levántate y hagamos lo que sigue”.
En Cristo, el pasado puede descansar, y nosotros podemos avanzar confiando plenamente en su redención. No permitas que el fracaso arruine lo que Él todavía quiere hacer contigo.