La obediencia verdadera es un milagro de gracia


Cada vez que deseas hacer y eliges hacer lo correcto ante los ojos de Dios, celebras la gracia que es tuya en Cristo Jesús.

Es difícil admitirlo, pero el hacer lo correcto no es natural para nosotros. El pecado nos convierte a todos en autonombrados soberanos de nuestros pequeños reinos personales. El pecado nos hace egoístas. El pecado nos hace pensar que somos justos. El pecado nos seduce a creer que de alguna manera somos más listos que Dios. El pecado hace que confiemos en nuestra propia sabiduría. El pecado hace que queramos escribir nuestras propias reglas. El pecado nos hace resistentes a las críticas y al cambio. El pecado hace que nuestros ojos y corazones divaguen. El pecado hace que anhelemos más las cosas materiales que la provisión espiritual. El pecado hace que apreciemos más el placer que el carácter. En nuestra búsqueda por ser dioses, el pecado hace que nos olvidemos de Dios. Nos reduce a todos a ladrones de gloria, tomando para nosotros mismos la gloria que le pertenece a Él. Todo esto significa que el pecado causa que sobrepasemos una y otra vez, en pensamientos, deseos, palabras y hechos, los límites que Dios ha establecido. Esto es natural para un pecador.

Así que cuando tienes un deseo de saber qué es lo correcto ante los ojos de Dios, cuando te importa Su gloria, cuando te sometes voluntariamente a Su voluntad, cuando dejas tu plan para seguir el suyo, cuando encuentras gozo al entregarte a Su señorío, entonces sabes que te ha visitado la gracia redentora. Mira cómo Pablo habla sobre nuestra sumisión a la voluntad del Padre:

“Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no solo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla Su buena voluntad” (Filipenses 2:12-13).

Aquí encontramos un llamado a una vida llena de fe, sumisión y obediencia. Es un llamado a tomar en serio la vida que la gracia ha permitido que tengas. El pasaje es un llamado a seguir el ejemplo del Señor Jesucristo. Pero posteriormente Pablo nos recuerda que si sigues a Dios, si obedeces y si haces lo que es correcto ante los ojos de tu Salvador, no puedes tomar crédito por ello. Esto es porque tus buenos deseos y buenas acciones existen solamente por Su presencia dentro de ti y Su siempre activa gracia.

Pablo está diciendo que hacemos lo correcto debido a que la gracia se encuentra rescatándonos de nosotros mismos en ese momento. La gracia está protegiéndonos de la autojusticia y la autosoberanía que nos hacen independientes y rebeldes. Cada momento de obediencia es una evidencia y una celebración de que la gracia no solamente perdona; también rescata. Y no solo rescata; también transforma. Vivimos en la presencia de Dios no en nuestras propias fuerzas, sino solo por gracia.

Para profundizar y ser alentado:
Romanos 6

Paul Tripp

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