El trabajo de Dios en ti es un proceso, no un evento. Progresa no en dos o tres grandes momentos, sino en diez mil pequeños momentos de cambios.
Hemos llegado a esa temporada una vez más. Es el tema principal de los periódicos, las revistas, los programas de televisión y las publicaciones en redes sociales. Es el tiempo para el ritual anual de los dramáticos propósitos de Año Nuevo, alentados por la esperanza de un cambio inmediato y significativo.
Pero la realidad es que muy pocos fumadores han dejado de fumar después de un solo momento de resolución. Pocos obesos se han convertido en personas saludables por un solo momento de compromiso. Pocas personas que se encontraban sumergidas en deudas han cambiado su estilo de vida financiero por una decisión tomada a final de año. Y pocos matrimonios han sido transformados por medio de una dramática resolución.
¿El cambio es importante? Sí, es importante para todos nosotros de alguna manera. ¿El compromiso es esencial? ¡Por supuesto! De muchas maneras, nuestras vidas son moldeadas por los compromisos que hacemos. Pero el crecimiento en la gracia —que tiene al evangelio de Jesucristo en el centro— simplemente no descansa su esperanza en grandes y dramáticos momentos de cambios.
La realidad de las cosas es que el trabajo de transformación de la gracia es más un proceso cotidiano que una serie de eventos dramáticos. El cambio personal y de corazón es siempre un proceso. ¿Y dónde se realiza ese proceso? Se lleva a cabo en donde tú y yo vivimos diariamente. ¿Dónde vivimos? Bueno, todos tenemos el mismo lugar de residencia. Nuestras vidas no pasan de un gran momento a otro gran momento. No, todos vivimos en lo absolutamente cotidiano.
La mayoría de nosotros no estaremos incluidos en los libros de historia. Haremos solo tres o cuatro grandes decisiones en nuestras vidas y varias décadas después de morir, la gente que dejemos atrás batallará para recordar las cosas que realizamos. Tú y yo vivimos en pequeños momentos y si Dios no gobierna nuestros pequeños momentos y no trabaja para renovarnos en cada uno de ellos, entonces no hay esperanza para nosotros.
Los pequeños momentos de la vida son muy importantes precisamente porque son pequeños momentos los que vivimos y nos moldean. Aquí es cuando pienso que el cristianismo basado en grandes dramas nos conduce a problemas. Puede causar que devaluemos el significado de los pequeños momentos de la vida y la gracia de los pequeños cambios que suceden en ellos. Y debido a que devaluamos estos momentos en que vivimos, tendemos a ignorar el pecado que es expuesto en ellos. Fallamos en buscar la gracia que se nos ofrece.
Verás, el carácter de la vida no se define en dos o tres momentos dramáticos, sino en diez mil pequeños momentos.El carácter que se forma en estos pequeños momentos moldea la manera como respondemos a los grandes momentos de la vida. ¿Qué hace que todo este cambio en el carácter sea posible? La gracia inagotable y transformadora. Así que despertemos diariamente comprometidos a vivir en los pequeños momentos de nuestras vidas, con ojos abiertos y corazones humildes y expectantes.
Para profundizar y ser alentado:
Juan 1:16
Paul Tripp
