La voz de la naturaleza de Dios
El llamado de Dios no revela quién soy yo, sino quién es Él. Solo cuando mi alma está en armonía con Cristo puedo oír su voz y responder como Isaías: ‘Heme aquí, envíame a mí
El llamado de Dios no revela quién soy yo, sino quién es Él. Solo cuando mi alma está en armonía con Cristo puedo oír su voz y responder como Isaías: ‘Heme aquí, envíame a mí
Debe haber un funeral blanco, una muerte que tiene tan sólo una resurrección: resucitar a la vida de Jesucristo.
Nada puede derrotar una vida así, pues está en unidad con Dios con el único propósito de ser su testigo
Si permitimos que el Espíritu Santo nos lleve cara a cara con Dios, también escucharemos lo que oyó Isaías: la voz del Señor. Y en perfecta libertad, también diremos: “Heme aquí, envíame a mí.” Cristo sigue llamando a quienes tienen oídos dispuestos a escuchar.
Jesús sólo puede enseñarnos algo cuando acallamos todas nuestras preguntas intelectuales y nos encontramos a solas con Él. Cuando el sufrimiento, la desilusión o la soledad nos separan de todo, Cristo nos prepara para oír Su voz y recibir Su enseñanza más profunda.
Cuando Dios logra llevarnos a estar verdaderamente a solas con Cristo, comenzamos a vernos como somos ante Sus ojos. Entonces comprendemos que solo Él puede revelarnos lo oculto de nuestro corazón, y que el orgullo es lo último que debe morir antes de aprender realmente de Él.