Devocionales

La luz que venció la oscuridad

La historia de la Navidad no trata de luces decorativas, sino de Cristo, la luz verdadera que vino a un mundo de oscuridad. Bajo el peso del pecado, nadie podía traer esperanza, pero Dios envió a Su Hijo. Jesús entró voluntariamente en nuestras tinieblas para que pudiéramos conocer la luz y la vida para siempre

El árbol que nos dio vida

Mira al pesebre y ve a Aquel que vino a morir. Escucha el canto de los ángeles y recuerda que la muerte será el único medio por el cual se otorgará la gracia. Mira a tu árbol y recuerda otro árbol —uno no decorado con ornamentos brillantes, sino manchado con la sangre del Hijo de Dios. Mientras celebras, recuerda que el camino de tu celebración fue la muerte de Aquel a quien celebras; sé agradecido.

Separado por nosotros, para que fuéramos aceptados eternamente

Jesús sabía lo que significaba tomar nuestro lugar. Sabía que sufriría por un momento para traernos aceptación eterna. El Hijo fue temporalmente separado del Padre para que tú y yo pudiéramos ser aceptados para siempre. Este es el verdadero corazón de la Navidad: Cristo vino a restaurar lo que habíamos perdido. La separación fue real, pero también lo fue la victoria. ¡Celebremos esta gloriosa verdad!

Jesús dejó Su hogar para darte uno eterno

Jesús vivió como un peregrino sin hogar, fue despreciado, rechazado y crucificado voluntariamente. ¿Por qué? Para darte un hogar eterno con el Padre. Esta Navidad, no olvides que tu esperanza no está en una casa terrenal, sino en la gracia de Aquel que lo dejó todo por ti.