Devocionales

El carácter se forma en lo cotidiano

El carácter de la vida no se define en dos o tres momentos dramáticos, sino en diez mil pequeños momentos. Si Dios no gobierna esos pequeños momentos y no trabaja para renovarnos en cada uno de ellos, no hay esperanza para nosotros. Pero por Cristo, su gracia inagotable y transformadora nos cambia día tras día.

Una esperanza que no defrauda

Ya que hemos sido justificados por fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por Él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado Su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

El cambio sí es posible

Sí, el cambio es posible, no porque tú tengas sabiduría o fuerza, sino porque has sido bendecido con la gracia de Jesús. Cuando estés decepcionado de ti mismo o clames por un cambio en el mundo, estarás clamando por algo que es el centro en el propósito de la gracia de tu Salvador. Él conoce exactamente en qué área necesitas un cambio verdadero y te ofrece todo lo necesario para que ese cambio suceda

Los placeres cotidianos predican la gracia.

Incluso el placer predica la gracia. Cada experiencia de belleza y gozo, desde un delicioso emparedado hasta un atardecer multicolor, es un regalo inmerecido de Cristo. No disfrutamos estas cosas porque las merezcamos, sino porque Él es bueno, paciente y lleno de gracia. Cada pequeño placer cotidiano es una predicación silenciosa del amor de Cristo por nosotros.