Autor: Jesús García Morcillo

Los placeres cotidianos predican la gracia.

Incluso el placer predica la gracia. Cada experiencia de belleza y gozo, desde un delicioso emparedado hasta un atardecer multicolor, es un regalo inmerecido de Cristo. No disfrutamos estas cosas porque las merezcamos, sino porque Él es bueno, paciente y lleno de gracia. Cada pequeño placer cotidiano es una predicación silenciosa del amor de Cristo por nosotros.

Cristo vive en ti: esperanza verdadera y poder diario

Somos capaces de elegir y hacer lo correcto solo porque Cristo vive en nosotros y nos da el poder de hacerlo por Su gracia. No solo nos ha perdonado, ha venido a vivir en nosotros, y en ello hay esperanza verdadera

Su sufrimiento, nuestra esperanza

Jesús no vino a la tierra en esplendor real, sino como un siervo. Sufrió cada día, en cada etapa de Su vida, para salvarnos de nuestro pecado y de nuestro sufrimiento. Su sufrimiento es nuestra salvación y nuestra esperanza en medio del dolor.

No es solo una fecha

No necesitamos más luces, ni más ruido, ni más distracciones.
Necesitamos volver a mirar a Aquel cuyo nombre sigue siendo esperanza para un mundo cansado.

La luz que venció la oscuridad

La historia de la Navidad no trata de luces decorativas, sino de Cristo, la luz verdadera que vino a un mundo de oscuridad. Bajo el peso del pecado, nadie podía traer esperanza, pero Dios envió a Su Hijo. Jesús entró voluntariamente en nuestras tinieblas para que pudiéramos conocer la luz y la vida para siempre

El árbol que nos dio vida

Mira al pesebre y ve a Aquel que vino a morir. Escucha el canto de los ángeles y recuerda que la muerte será el único medio por el cual se otorgará la gracia. Mira a tu árbol y recuerda otro árbol —uno no decorado con ornamentos brillantes, sino manchado con la sangre del Hijo de Dios. Mientras celebras, recuerda que el camino de tu celebración fue la muerte de Aquel a quien celebras; sé agradecido.

Separado por nosotros, para que fuéramos aceptados eternamente

Jesús sabía lo que significaba tomar nuestro lugar. Sabía que sufriría por un momento para traernos aceptación eterna. El Hijo fue temporalmente separado del Padre para que tú y yo pudiéramos ser aceptados para siempre. Este es el verdadero corazón de la Navidad: Cristo vino a restaurar lo que habíamos perdido. La separación fue real, pero también lo fue la victoria. ¡Celebremos esta gloriosa verdad!

Jesús dejó Su hogar para darte uno eterno

Jesús vivió como un peregrino sin hogar, fue despreciado, rechazado y crucificado voluntariamente. ¿Por qué? Para darte un hogar eterno con el Padre. Esta Navidad, no olvides que tu esperanza no está en una casa terrenal, sino en la gracia de Aquel que lo dejó todo por ti.