Autor: Jesús García Morcillo

La adoración que transforma la bendición

La adoración no es solo un momento, es una decisión diaria. Cuando Dios nos bendice, espera que le devolvamos esa bendición como una ofrenda de amor. Si la retenemos, se marchita; pero cuando la rendimos a Cristo, Él la transforma en vida para otros. Nuestra comunión con Dios debe sostener todo lo que hacemos en el mundo.

El “después” de la vida de poder

Todas nuestras promesas y determinaciones acaban en una negación, porque no tenemos el poder de cumplirlas.
Cuando llegamos al final de nosotros mismos, Cristo invade nuestra vida por medio del Espíritu Santo, y desde ese momento solo Él dirige nuestro camino.

¿Por qué no te puedo seguir ahora?

Cuando Dios permite un tiempo de espera, no lo llenes con actividades ni decisiones apresuradas. Espera en Cristo, porque correr antes de su dirección sólo revela que aún confiamos más en nuestra fuerza natural que en su obra en nosotros. Seguir verdaderamente a Jesús requiere conocernos a la luz de su verdad y someternos a su tiempo.

Nubes y oscuridad

“Nubes y oscuridad alrededor de él…”Salmo 97:2 Devocional Una persona que no ha nacido de nuevo por el Espíritu de… Seguir leyendo

¡No nos salgamos del tema!

Cuando Pablo afirmó que Cristo sería magnificado en su cuerpo, tanto si vivía como si moría, expresó una decisión firme: dar lo máximo de sí por lo supremo de Cristo. No es un asunto de razonamientos, sino de voluntad rendida. En las crisis, Dios nos llama a decidir sin reservas, para que Cristo sea todo en nosotros.

El carácter se forma en lo cotidiano

El carácter de la vida no se define en dos o tres momentos dramáticos, sino en diez mil pequeños momentos. Si Dios no gobierna esos pequeños momentos y no trabaja para renovarnos en cada uno de ellos, no hay esperanza para nosotros. Pero por Cristo, su gracia inagotable y transformadora nos cambia día tras día.

Una esperanza que no defrauda

Ya que hemos sido justificados por fe, tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. También por Él, y mediante la fe, tenemos acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado Su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.

El cambio sí es posible

Sí, el cambio es posible, no porque tú tengas sabiduría o fuerza, sino porque has sido bendecido con la gracia de Jesús. Cuando estés decepcionado de ti mismo o clames por un cambio en el mundo, estarás clamando por algo que es el centro en el propósito de la gracia de tu Salvador. Él conoce exactamente en qué área necesitas un cambio verdadero y te ofrece todo lo necesario para que ese cambio suceda