
La adoración que transforma la bendición
La adoración no es solo un momento, es una decisión diaria. Cuando Dios nos bendice, espera que le devolvamos esa bendición como una ofrenda de amor. Si la retenemos, se marchita; pero cuando la rendimos a Cristo, Él la transforma en vida para otros. Nuestra comunión con Dios debe sostener todo lo que hacemos en el mundo.








