Autor: Jesús García Morcillo

Mira de nuevo y conságrate

Jesús dijo que si obedecemos la vida que Dios nos ha dado, Él cuidará de todo lo demás. La consagración no es un acto único, sino un proceso diario de separación para Dios, confiando en que Cristo proveerá el “mucho más” prometido.

Deja espacio para Dios

La gran lección que debemos aprender es que Cristo puede irrumpir en cualquier momento.
Vive siempre a la expectativa y dale lugar para que entre cuando Él lo decida

La preponderante instrucción de Dios

No es suficiente admitir mentalmente que Dios ha redimido al mundo, ni siquiera basta saber que el Espíritu Santo puede hacer realidad en mi vida todo lo que Jesús hizo. Debo tener el fundamento de una relación personal con Él. Pablo no fue llamado a una doctrina, sino a una relación viva con Jesucristo

Transformados por la contemplación

Cuando contemplamos la gloria del Señor, somos transformados a Su imagen. Nada debe opacar “la vida que está escondida con Cristo en Dios”.
Mantén tu corazón abierto ante Él y permite que Su gloria te refleje.

Recuerda lo que Dios recuerda

Es maravilloso recordar que Jesucristo tiene necesidades que nosotros podemos suplir: ‘Dame de beber…’ (Juan 4:7).
Cuando recuerdo lo que Dios recuerda sobre mí, puedo reconocer si Él sigue ocupando el mismo lugar en mi corazón. Si no es así, debo dejar que la tristeza según Dios produzca arrepentimiento.

¿Tienes vitalidad para todo?

Nacer del Espíritu significa mucho más de lo que usualmente pensamos. Nos da una nueva visión y nos mantiene totalmente llenos de vigor para todo, por medio de la provisión inagotable de la vida de Dios

Visión y oscuridad

Cuando Dios te da una visión y luego te envuelve en oscuridad, espera. Él obrará en ti conforme a lo que te mostró, si confías en su tiempo.
No trates de ayudarle a cumplir su Palabra; permite que su disciplina destruya toda autosuficiencia, hasta que solo Cristo sea tu realidad.

Más que servir: satisfacer a Cristo

Resulta más fácil servir que derramarle nuestras vidas completamente a Jesús. El objetivo del llamado de Dios es su satisfacción, no simplemente que hagamos algo para Él

La vocación de la vida natural

El servicio a Dios no es una obligación impuesta, sino el desbordamiento natural de una vida en la que Cristo se ha revelado plenamente. Cuando su naturaleza habita en mí, servirle deja de ser un deber y se convierte en el fruto espontáneo de mi amor por Él.

La voz de la naturaleza de Dios

El llamado de Dios no revela quién soy yo, sino quién es Él. Solo cuando mi alma está en armonía con Cristo puedo oír su voz y responder como Isaías: ‘Heme aquí, envíame a mí