Los placeres cotidianos predican la gracia.

Incluso el placer predica la gracia. Cada día todos experimentamos una sinfonía de placeres que ninguno de nosotros jamás podría merecer

Estos son algunos de los placenteros regalos de Dios para nosotros:
• El sonido de los pájaros en la primavera.
• La delicada belleza de una rosa.
• La escena multicolor de un atardecer.
• La original alfombra blanca causada por una nevada.
• La dulzura de un beso.
• El olor de una flor.
• La amplia gama de sabores y texturas de la comida.
• La gloria de una maravillosa pieza musical.
• Los colores de las hojas en el otoño.
• El deleite de un buen drama.
• Lo maravilloso de una pintura.
• La dulce voz de un niño.
• La asombrosa magnitud de una montaña.

Dios creó para nosotros un mundo de gran belleza, donde los placeres existen a nuestro alrededor. Nos creó con receptores para el placer (ojos, oídos, bocas, narices, manos, cerebros y demás) para que pudiéramos disfrutarlo. Él nos bendice con estas cosas hermosas y maravillosas diariamente.

Esto significa que en tu mejor día y en tu peor día eres bendecido con placeres que provienen directamente de la mano de Dios. Esto nos dice que no obtienes esos placeres porque los has ganado o los mereces, sino porque Él es un Dios de graciaÉl te otorga cosas buenas porque Él es bueno, no porque tú lo seas.

Quizá es solamente un delicioso emparedado al mediodía.
No te mereces el placer de ese emparedado.
No mereces una lengua que pueda percibir su sabor y textura.
No mereces un cerebro que pueda procesar toda esa experiencia.
Es solo otro regalo de la mano de Dios, quien diariamente te otorga lo que no mereces porque te ama.

Quizá veas por tu ventana y te percates que las hojas de tu árbol se han tornado rojas. La vista te quita el aliento. Detente y da gracias porque el Dios de maravillosa gracia ha creado ese árbol y te ha dado la habilidad para verlo, entenderlo y disfrutarlo. Él eligió que disfrutaras ese momento porque Él es el Dios de gracia paciente y tierna:

“Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.”
(Mateo 5:45)


Para profundizar y ser alentado:
Salmo 104

Paul Tripp

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