Cristo vive en ti: esperanza verdadera y poder diario

¿Por qué dar cabida al miedo cuando, en Cristo, es imposible que estés solo, debido a que eres el templo en donde Dios habita?

Es más que solo una historia demasiado buena para ser verdad. Es tan maravillosa que desafía toda lógica e intuición humana. Es el más grande milagro espiritual, el cual se ha convertido en la identidad de todos los hijos de Dios comprados por sangre.

Es suficientemente maravilloso que seamos perdonados y aceptados por Dios, por Su gracia y solo por Su gracia. No hay nada natural en esto. Nosotros, por naturaleza, pensamos que debemos ganarnos el favor de Dios y nuestra entrada a Su presencia, pero la historia bíblica no sigue esta lógica natural. Es la historia de rebeldes que no solo no desean una relación con Dios, sino que simplemente no podrían tenerla aunque así lo desearan.

Es una historia de intervención divina, de sustitución divina, de sacrificio divino y de gracia divina. Es una historia de Dios enviando a Su Hijo a vivir como nosotros estábamos diseñados para vivir, a sufrir la muerte que nosotros merecíamos para satisfacer los justos requisitos de Dios y aplacar Su ira, y para salir de la tumba, conquistando al pecado y a la muerte. Es una historia de paciencia increíble, ternura, compasión, amor, misericordia y gracia —perdón otorgado, aceptación asegurada y justicia dada a aquellos que no podrían ganarla por sí mismos.

Pero además de la maravillosa gracia del perdón y la aceptación de Dios, existe más gracia en esta historia. Dios conocía que el dilema de nuestro pecado era un desastre moral tan profundo que no era suficiente con solo perdonarnos. Ese perdón nunca debe minimizarse, pero Dios sabía que necesitaríamos más. Conocía que después de perdonarnos y aceptarnos, necesitaríamos ayuda diaria. Sabía que necesitábamos rescate, fuerza y sabiduría.

Así que no solo nos perdonó. No solo nos aceptó. Él vino a nosotros y nos hizo el lugar de Su morada. Pablo lo expresa correctamente: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20).
Creo que no hablamos lo suficiente sobre esto. Creo que no celebramos esta realidad lo suficiente. Creo que no permitimos que nuestros corazones mediten lo suficiente en la maravilla de esta identidad.

Por gracia, somos el templo del Dios Altísimo.
Por gracia, Él vive en nosotros.
Por gracia, Su poder está a nuestra disposición.
Por gracia, Él lucha a nuestro favor aun cuando no nos percatamos de ello.
Por gracia, Él trabaja en nosotros para terminar la obra de gracia que ha comenzado.
Por gracia, nos expone y nos redarguye.

Somos capaces de elegir y hacer lo correcto solo porque Él vive en nosotros y nos da el poder de hacerlo por Su gracia.
No solo nos ha perdonado, ha venido a vivir en nosotros, y en ello hay esperanza verdadera.


Para profundizar y ser alentado:
Efesios 2:11-22

Paul Tripp

< Volver a página de entradas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *