Su sufrimiento, nuestra esperanza

Jesús sufrió en el aquí y el ahora para que tú y yo pudiéramos escapar del sufrimiento eterno.

No comenzó con la cruz; desde Su primer aliento hasta Su ascensión, Jesús sufrió:

  • Sufrió un incómodo e insalubre nacimiento en el pesebre.
  • Sufrió el terror de tener que huir en Su infancia.
  • Sufrió las luchas de crecer y aprender en Su niñez.
  • Sufrió tentaciones poderosas.
  • Sufrió exposición a enfermedades.
  • Sufrió el no tener una casa propia.
  • Sufrió hambre.
  • Sufrió tristeza y dolor.
  • Sufrió deslealtad y traición.
  • Sufrió dolor físico.
  • Sufrió falta de respeto y burlas.
  • Sufrió malos entendidos.
  • Sufrió el dolor emocional de la separación de Su Padre.
  • Sufrió el castigo del pecado de los demás.
  • Sufrió injusticia.
  • Sufrió la muerte.
  • Sufrió toda clase de dificultades de la vida en este mundo caído.

Su llamado, Su misión, era sufrir; y lo hizo. Su sufrimiento fue variado y constante. Para el Mesías, el sufrimiento era cosa de todos los días, incluso una cosa de cada momento. Y cada acto de sufrimiento era en sustitución. Él sufrió en nuestro lugar.

Sufrió de cada manera en que nosotros sufrimos para poder ser un Salvador en medio de nuestro sufrimiento y ponerle un fin. Él sufrió diariamente para que exista un momento cuando todo el sufrimiento acabará y para que pudiéramos vivir con Él en un mundo libre de sufrimiento.

Él no vino a la tierra en esplendor real. No vino a vivir en un palacio ni a ser recibido como Rey. A pesar de ser el Rey de reyes, Él vino como un siervo que, en Su sufrimiento, nos salvaría de nosotros mismos y finalmente de nuestro sufrimiento.

Su sufrimiento es nuestra salvación. Su sufrimiento es nuestra esperanza.


Para profundizar y ser alentado:
Salmo 22

Paul Tripp

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