El rechazo de Cristo nos aseguró el amor eterno del Padre

Jesús fue despreciado y rechazado en el aquí y ahora para que tú tuvieras el amor y la aceptación del Padre por siempre.

Las palabras que estás por leer deberían ser incluidas en toda celebración de Navidad. Ellas expresan el resultado glorioso de la venida de Cristo a la tierra. Él experimentó el pesebre, la huida a Egipto, el diario sufrimiento de tener hambre y no tener hogar, el rechazo de las autoridades religiosas, la deslealtad de Sus discípulos, el juicio injusto, la cruel muerte y la tumba para que tú tuvieras lo que estas palabras expresan. Él vino y sufrió todas estas cosas por ti y por mí, para que tuviéramos por siempre lo que nunca podríamos haber ganado, merecido o alcanzado por nosotros mismos:

¿Qué diremos frente a esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra? El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos generosamente, junto con Él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los que Dios ha escogido? Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? Cristo Jesús es el que murió, y aun resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. ¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia? Así está escrito:
«Por tu causa siempre nos llevan a la muerte; ¡nos tratan como a ovejas para el matadero!»

Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor (Romanos 8:31-39).

Siéntate en frente de tu árbol de Navidad y lee estas palabras en voz alta a tus seres queridos para que recuerdes de qué trata la historia de Navidad. Recuerda que Jesús voluntariamente sufrió rechazo e injusticia constantes para que experimentáramos el inalterable e inquebrantable amor de Dios por siempre. Recuerda que Él sufrió rechazo para que nosotros conociéramos el amor constante. Recuerda que Él merecía ser amado, pero fue rechazado para que nosotros, que merecíamos el rechazo, fuéramos eternamente amados. Recuerda que Él estuvo dispuesto a someterse al frágil y cambiante amor de Sus discípulos para que nosotros conociéramos el amor fiel e infalible del Padre. Recuerda que Él soportó la separación para que nada pudiera separarnos del amor del Padre.

Mientras recuerdas estas cosas, recuerda también esto: si Dios estuvo dispuesto a dar a Su Hijo para que conociéramos Su amor, ¿no es lógico que nos dé también, en Él, todo lo que necesitamos? La promesa de la historia de Navidad es amor inquebrantable y provisión para cada necesidad. ¡Eso es digno de celebrar!

Para profundizar y ser alentado:
Juan 10:1-18

Paul Tripp

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