Como hijo de Dios, vive hoy con la certeza, la esperanza y el valor que te otorga el saber que tu lugar junto a Dios está asegurado.
Quieres tener la certeza. Deseas estar seguro. Quieres tener esperanza. Deseas vivir con valor. No quieres tener miedo, ni ser paralizado por la duda, ni estar lleno de la ansiedad que provoca no conocer el futuro. Deseas saber que tu vida tiene un propósito. Quieres saber que tu trabajo tiene valor. Deseas saber que no estás solo. Quieres saber que contarás con los recursos necesarios para enfrentar lo que vendrá. Deseas tener paz interior. Quieres tener motivación para continuar. No quieres sentirte incapaz y débil. Nunca deseas pensar que todo ha sido en vano. Sí, quieres tener certeza y buscarás algo que te la proporcione.
La verdad del asunto es que, en un mundo en donde las cosas se quiebran, mueren, se corrompen o se desvanecen, la certeza se encuentra solo verticalmente. Si eres hijo de Dios, tu lugar junto a Él es seguro, y porque lo es, tienes certeza en la vida en el aquí y el ahora; en la muerte y en la eternidad:
• Tienes la certeza de saber que no tienes que esconderte o fingir debido a que cada uno de tus pecados y tus debilidades han sido cubiertos por la sangre de Jesús.
• No debes temer por no tener lo necesario porque tu Salvador te brinda todo lo que necesitas para hacer lo que Él te ha llamado a hacer.
• No debes preocuparte de que serás abandonado porque tu Salvador te ha hecho el lugar de Su morada.
• No debes vivir con remordimiento porque todos tus pecados pasados han sido perdonados por Su gracia.
• No debes buscar una identidad, un propósito o un significado porque Él te ha hecho Su hijo y te ha llamado a Su propósito.
• No debes preocuparte por el futuro porque todos los misterios de lo que está por venir están sostenidos por Su mano soberana.
• No debes temer por los problemas, las dificultades o el sufrimiento porque tu Salvador utiliza todas esas cosas para tu bienestar y para Su gloria.
• No debes preguntarte si tu trabajo tiene valor porque el trabajo que haces en Su nombre nunca es en vano.
• No debes temer el ser castigado porque tu Salvador tomó tu castigo y satisfizo la ira de Dios.
Sí, tu lugar junto a Dios está seguro, y porque lo está, tu vida es ahora bendecida con toda la clase de seguridad y certeza que podrías desear.
Para profundizar y ser alentado:
Efesios 1
Paul Tripp
